Cuando visité el
cementerio de Montmartre en París, me dí cuenta que los cementerios, lejos de ser lugares fantamales y tenebrosos, tienen un encanto especial. Allí están enterrados multitud de personajes famosos como Berlioz, Degas, Leo Delibes, o Adolphe Sax (el inventor del saxofón). La visita fue muy interesante, especialmente por el día de frio y niebla (era noviembre) en el que fuimos.
Pero tranquilos, no me he vuelto un tipo truculento apasionado por los muertos ni nada por el estilo. Dejando un poco de lado el tema de la muerte y todo lo que lo rodea, los cementerios son lugares curiosísimos. Tumbas enormes junto a tumbas casi desapercibidas, ostentosidad, auténticas obras de arte, joyas arquitectónicas, esculturas realmente bellas (como las que nos proponen en
JazJaz), hacen que los cementerios sean lugares que no solo sirven para enterrar a nuestros muertos, sino verdaderas exposiciones de todo un arte fúnebre digno de admiración. Sirvan de ejemplo estas preciosas imágenes tomadas del link anterior:

